Un punto de partida

Escribo historias.

Cuentos, relatos, novelas.

A veces pasan largos períodos entre una y otra.

Como si entre medio hubiera un momento de reposo.

Otras veces, los textos llegan con mayor continuidad.

Supongo que una parte tiene que ver con la constancia del oficio.

La otra…

Nunca terminé de entenderla.

A veces pienso la escritura como si fueran las estaciones del año.

Hay momentos de crecimiento.

De cosecha.

También existen épocas donde todo parece quedarse quieto.

Nunca terminé de llevarme bien con esos momentos.

Hay inviernos donde nada crece.

Otoños donde algunas ideas se desprenden.

Después vuelve la primavera.

Hace más de veinte años que camino este sendero.

Eso, por sí solo, no tiene nada de especial.

El tiempo no convierte a nadie en maestro.

Pero sí deja marcas.

Algunas se sienten como logros.

Otras, se viven como amarguras y fracasos.

Pero al final, todas forman parte del recorrido.

En cierto punto, las historias nos construyen.

Algunas terminan cuando se cierra un libro.

Y otras…

Siguen en nosotros mucho tiempo después.



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